Sofía Reyes / Fotos: Netflix

Para construir un castillo de naipes se requiere de paciencia, delicadeza e inteligencia, pero a la vez de temeridad y determinación para confiar en que la carta que se pondrá sobre el frágil entramado no lo deshará, pues levantar el castillo desde las ruinas es casi imposible.

En el caso de la serie original de Netflix, House of Cards, un naipe equivocado casi sepulta el éxito y los reconocimientos de cinco temporadas de la serie: venía disfrazado de las imputaciones de violencia sexual que señalaban como predador de cerca de 20 víctimas a Kevin Spacey, el protagonista que le dio vida al ambicioso y odiado Francis “Frank” Underwood.

Parecía que el castillo se deshacía bajo la desaparición del protagonista y un carisma que hacía que sus maquinaciones fueran aplaudibles, sin embargo, la ruta natural para cerrar, con honores, con Frank vivo o no era el llevar los reflectores oficialmente a quien ya los había acaparado desde temporadas atrás: la esposa de Frank, Claire Underwood, una de las mentes más brillantes, retorcidas y descarnadas, quien fue la autora intelectual detrás de algunas de las decisiones más cruentas de la historia para impulsar a su marido para llegar a la cúspide política.

“Si hay alguien que puede vivir balanceándose en el filo de cualquier situación, permanecer inmutable a pesar de la muerte de la dupla con la que construyó y ejecutó los más espantosos actos y traiciones, y todavía lucir con el esmero impecable de alguien que se viste para matar, es Claire.”

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Frank ha muerto y en vez de ver a una viuda desolada, vemos a Claire, con esa ya familiar mirada de hielo celeste, enfrentar al espectador y compartirle sus planes. “Es mi turno”, afirma, a pesar de que el cadáver de su esposo está todavía tibio.

Sí, es su turno, y cuando toca las nubes desde el máximo cargo político en Estados Unidos, arma un escuadrón de estrategas, todas mujeres, elegidas precisamente por su capacidad de manipulación y listas para operar desde el Despacho Oval y dejar el sello de los Underwood.

Al ser Claire una mujer fuerte y decidida; admirada y detestada, es notable que hay cierto carisma en el uso de toda su inteligencia, de su belleza y de su elegancia.  Al prepararse para ser despiadada con el objetivo de conseguir lo que desea, es una mujer que causa admiración y quizá deseos de ser ella por un día o por toda la vida. Ha sido una constante que la rodea un discurso empoderador en un ámbito acaparado por la visión masculina. Paradójicamente, nadie querría estar en el risco todo el tiempo.

Ahora Claire está sola, pero eso en sus términos, jamás sería una desventaja…

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Pero si hay alguien que puede vivir balanceándose en el filo de cualquier situación, permanecer inmutable a pesar de la muerte de la dupla con la que construyó y ejecutó los más espantosos actos y traiciones, y todavía lucir con el esmero impecable de alguien que se viste para matar, es Claire. “Detrás de un gran hombre está una mujer con las manos manchadas de sangre”, apuntó en algún momento, sus manos han sido lavadas con esmero y cuidado. También la frase que rebota en gélidas palabras es “no quisieras tenerme de enemiga”.

Si podemos quedarnos con una imagen de ese matrimonio, los Underwood, que barrieron todo a su paso, valdría la pena el recordarlos fumándose un cigarro y compartiéndolo calada por calada, único momento del día en donde sus más rebuscadas estafas, la violencia intelectual y su modus vivendi desaparecía por los minutos en los que el fuego consumía el tabaco. Ahora Claire está sola, pero eso en sus términos, jamás sería una desventaja.

Sofía Reyes es comunicóloga por la UNAM, ha colaborado en medios nacionales y sus obsesiones están en lo audiovisual, la literatura y la música.