Sofía Reyes / Fotos: YouTube

Cuando pensamos en el verano, imaginamos el cielo más azul, sin nubes, y aunque a veces nos sorprenda un refrescante chubasco, la idea del dulce calor y la amarillenta luz del sol nos reconforta: aunque, sin duda, a veces en su punto más alto, esta atmósfera puede ser insoportable y sacar lo peor de uno mismo. Pero hay algo que es seguro, en palabras de Stephen King: “Ningún verano dura eternamente”.

Si nos vamos al séptimo arte, no sabemos si encontramos que el verano como lo conocemos nos los enseñó el cine o nutrimos nuestros veranos de la vida real con nociones cinematográficas; y vaya que en nuestras cabezas hay veranos que están contados a modo de película.

De un más cercano y particular, el verano no es sólo una estación del año, ni un bucle en el tiempo: el verano es un personaje más, que a veces ha orillado que los protagonistas de varios filmes emprendan aventuras, cometan crímenes, se vean envueltos en intrigas, inicien viajes on the road o muestren la verdadera expresión de amor de verano. Que solo bajo su influjo sean capaces de ser, hacer y deshacer sus historias.

 

La banda sonora, un inolvidable baile en pareja, los pasos magnéticos de un joven Patrick Swayze, el ritmo de I’ve had the time of my life, y la inocencia de Jennifer Grey son solo detalles de un éxito en taquilla: Dirty Dancing. La cinta nos muestra un verano en el que el amor llega a cambiarlo todo, pues la diferencia de clases sociales, entre un maestro de danza pobre y malportado y una niña bien, hace que esa relación se ponga en peligro: aquí la pregunta que plantea el filme es, ¿el amor, como nos han dicho, puede sobrevivir a todo?

Otra historia de amor que es dulce y amarga a partes iguales es My Girl o Mi primer beso, como se conoció en México. Cuenta la historia de Vada Sultenfuss, una chica inadaptada, hija del dueño de una funeraria, y su amistad con Thomas Sennett, a quien interpreta Macaulay Culkin. La llegada a la pubertad, la amistad que se parece al amor entre este par de compañeros de andanza y el desenlace impredecible y trágico la han convertido en un clásico sobre la primera vez que nos revolotearon mariposas en el estomago.

Justamente el primer amor llega en un verano en la soleada Italia para Elio Perlman, un chico que se enamora del asistente de su padre, en Call me by your name, y el tratamiento atípico es que no es una historia LGTB+, sino un relato de vivir la vida que hemos elegido del mejor modo posible. Su director, Luca Guadagnino, la describió como “belleza de la idea recién nacida del deseo, imparcial y no cínica”, la cual triunfó en la pasada entrega del Oscar, por Mejor Guión Adaptado.

Una cinta con todos los elementos de una película on the road, es Adventureland, de Greg Mottola, en donde un grupo de jóvenes fracasados se encuentra en un trabajo de verano en un parque de diversiones; aquí no hay carretera que los transforme, pero sí las experiencias amargas y cómicas que los hace renacer y prepararse, al final del verano, para las responsabilidades del mundo adulto.

Otra de las cintas en las que podemos ver el poder que tiene el calor para enloquecer nuestra vida cotidiana es Días de perros, del austriaco Urlich Seidl, que nos muestra el potencial destructivo de las altas temperaturas en Viena. La crudeza de las imágenes y las historias que aparentemente no cuentan algo, pero nos muestran lo emocional y devastador que puede ser no poder refrescarse en una ciudad afecta al frío. Cuerpos distendidos, gritos, histeria, desesperación son las figuras que esa película despliega con maestría.

También lo peor del ser humano podemos rastrearlo hacia el verano de 1969, cuando comenzó la actividad criminal de uno de los asesinos más brutales, conocido como Zodiac, quien dejó un rastro de sangre en la Bahía de San Francisco, y que llevó al cineasta David Fincher a investigar para poder filmar, pues aún se desconoce la verdadera identidad del serial killer.

Podríamos seguir la lista en que las historias conviven con este mítico personaje, que se visten y bañan con ese tipo de sol, de luz, de aventuras, de fracasos y de amores, de brillo especial sobre todas las cosas. Quien no haya tenido un verano mágico, que tire la primera piedra.

Sofía Reyes es comunicóloga por la UNAM, ha colaborado en medios nacionales, sus obsesiones están en lo audiovisual, la literatura y la música.