Sofía Reyes / Foto: Aaron Poole / A.M.P.A.S. , Nicholas Agro / A.M.P.A.S.

El cineasta Guillermo del Toro se fue de México en un precipitado autoexilio después del secuestro de su padre. No quería tomar más riesgos con su familia, así que dejó todo lo que tenía para empezar de cero en una vida con cierta garantía de seguridad, entonces llegó a Los Ángeles.

Ahí, rodeado del encanto de Hollywood, Del Toro se hizo un lugar en esa industria y volvió a filmar, no sin dificultades, sobre monstruos, fantasmas, robots y criaturas, temas de un mundo que le era tan bien conocido desde que a los ocho años manifestó su fascinación por la fantasía y lo sobrenatural y lo plasmó en sus primeros cortometrajes.

Cronos, Mimic, El espinazo del diablo, Blade II, Hellboy, El laberinto del fauno y Pacific Rim solo son algunas de sus más destacadas cintas que comparten el sello del autor. En el horror, Del Toro encontró su leit motivSería en esta ciudad californiana, la tercera con mayor número de mexicanos en el mundo, donde el cineasta de dulces ojos azules recreó una atmósfera especial para su inspiración en una propiedad llamada Bleak House, donde atesora una colección de “basura extraña”, como él la llama, y que incluye cómics, libros, películas y juguetes.

De Bleak House surgió la inspiración de The Shape of Water (La forma del agua), la más reciente producción del jalisciense, que obtuvo cuatro premios Oscar, entre ellas Mejor Director y Mejor Película. La historia tiene como protagonista a una criatura acuática cautiva que establece una relación de complicidad con una mujer de limpieza de los laboratorios en donde está aislado. Lo que parecía un ejemplo más de la fuga de cerebros, Del Toro lo desmintió con un statement en el que explica que, sin importar la ubicación geográfica, la Patria se lleva debajo de la piel, en el modo de mirar la vida y, en este caso, en la forma de hacer cine.

Tras triunfar como Mejor Director en los Golden Globes, Del Toro fue cuestionado: “Usted tiene la habilidad de ver el lado oscuro de la naturaleza humana, la fantasía y el terror, pero también es una persona alegre y amorosa, ¿cómo encuentra ese balance?”

“Porque soy mexicano”, respondió despreocupado. Y completó:

“Nadie ama la vida más que nosotros (los mexicanos) porque estamos conscientes de la muerte. Apreciamos la vida porque vivimos con la muerte. Todos en este planeta abordamos un tren cuyo destino final es la muerte, así que vamos a vivir, disfrutar, amar y ser libres. Creo que cuando eliminas una de las dos partes de la ecuación, se convierte en un panfleto. Cuando tomas en cuenta la obscuridad para prender la luz, eso es la realidad”.

“Lo que parecía más un ejemplo de la fuga de cerebros, Del Toro lo desmintió con un statement en el que explica que, sin importar la ubicación geográfica, la patria se lleva debajo de la piel, en el modo de mirar la vida y, en este caso, en la forma de hacer cine. ”

Así es como Guillermo del Toro mostró su reconciliación con un país, que aunque lo obligó a irse, también le enseñó el camino para filmar. Y él, como alumno brillante, entendió que la patria también está donde recuestas la cabeza para soñar.

Sofía Reyes  es comunicóloga por la UNAM, ha colaborado en medios nacionales; sus obsesiones están en lo audiovisual, la literatura y la música.