Por Luis Ángel González /Fotos: Shutterstock/ Carlos Varillas, Cortesía Museo Amparo

Como en el resto de ciudades Patrimonio Cultural de la Humanidad en México, el Centro Histórico de Puebla concentra las edificaciones motivo de la distinción, no obstante en pocos como aquí el barroco se plasmó de forma excepcional: la Catedral, la Biblioteca Palafoxiana y la Capilla del Rosario, síntesis de esta compleja y fascinante corriente nacida en Europa en el siglo XVI, aunque en esta ocasión decidimos asomarnos a dos inmuebles que nos trasladan a diversas épocas y formas del arte gracias a su rico acervo: el Museo Amparo, con su sala de arte virreinal y el Museo José Luis Bello y González.

Alojado en un edificio del siglo XVI integrado con arquitectura moderna, el Museo Amparo posee una rica colección de arte prehispánico y virreinal, aunado a importantes exposiciones de arte contemporáneo a lo largo del año, aunque esta vez decidimos asomarnos a su sala de arte virreinal y siglo XIX, donde pinturas al oleo, esculturas en pasta de caña, madera, alabastro,  así como muebles con elegantes tapices en seda, escribanías con exquisitos acabados y objetos de uso común y ornamentación, evocan estilos artísticos y de la vida cotidiana en los periodos novohispano y del siglo XIX. Al salir no te pierdas la panorámica de la ciudad desde la Terraza, donde aparte de la foto puedes disfrutar de un café o desayuno en un marco único.

Continuando el recorrido, ahora por Oriente 3,  llegamos a lo que fuera la casa del industrial poblano José Mariano Bello y Acedo, quien como su padre, José Luis Bello y González, coleccionó arte de varias partes del mundo, de diversos estilos y épocas, el cual a su muerte, en 1938, heredó a la Academia de Bellas Artes del estado, con el fin de preservarlo in situ. Así, la casa museo, inaugurada en 1944, reunió más de 3 mil piezas en diversas salas.  Por ejemplo, en la Sala de Talavera hay una rica colección de este arte local, con piezas incluso del siglo XVII mientras que otras adornan los muros y una imponente chimenea.

En la Pinacoteca pinturas de diversas corrientes son parte del acervo de esta casona de estilo porfiriano, destacando la obra de Giuseppe Molteni, así como una rica colección con motivos religiosos, lo mismo que la Sala Agustín Arrieta con los famosos bodegones y escenas costumbristas del pintor mexicano, que conviven con un ánfora romana del siglo I a.C.

La Sala de Música recrea una atmósfera de tertulia, resguardada por ángeles en las columnas que “soportan” un cielo raso de tonos pastel muy bien conservado, con instrumentos sui generis, destacando un órgano del siglo XVIII que podrás escuchar tocar los domingos.  El aire francés se respira aún en espacios como la Sala de Cristal, con una puerta de cristal de Baccarat así como piezas de la Real Fábrica de Cristales La Granja, en España, lo mismo que de manufactura poblana novohispana.

La porcelana francesa es la protagonista del antiguo comedor, y en consonancia con este aire europeo destaca su arte vitral al igual que el del patio y escaleras. La Sala de Marfiles maravilla con piezas de arte milimétrico en marfil, como el Pabellón Flotante o las Esferas de la Vida, lo mismo que la Sala Oriental con su colección de porcelana china y decoración de oriente.

Para seguir en ese mood de arte y reponer energía, nos dirigimos al colorido Callejón de los Sapos, al Mesón de la Sacristía. El menú elaborado por la reconocida chef Ruth Ruiz Díaz nos ofrece una variada interpretación los platillos típicos poblanos, como es el caso del mole sacristía, donde los sabores ahumados del tomatillo y chipotle como protagonistas renuevan un clásico de tan barroca cocina. Por cierto, no dejes de probar su salsa de semillas que te ofrecen de entrada.