Jazmín Fajardo / Fotos: Shutterstock

Oaxaca guarda un sinfín de lugares mágicos y hermosos. Esta vez quiero recomendarte algunos sitios de su capital para visitar en alguno de los dos ‘puentes’ que noviembre nos regala. Aquí va un recorrido durante tres días por la ciudad.

Día uno: cultura y clásicos

Inicia tu viaje visitando el milenario árbol del Tule, que tiene más de 1400 años de edad. “Tule” en zapoteco, significa iluminación. Este hermoso ahuehuete puede abrigar en su sombra a más de 500 personas.

Otro de los parajes imperdibles es el Templo de Santo Domingo de Guzmán. Construido por los dominicos en 1608, esta edificación barroca novohispana es el edificio religioso más importante en Oaxaca. Visita también su museo, en él podrás hacer un recorrido por la historia del México prehispánico, la Conquista, y su época colonial.

Para comer visita Los Pacos, que según los locales, es el mejor lugar para comer mole en esta ciudad. Prueba la degustación de los siete tipos (amarillo, verde, negro, almendrado, coloradito, alcaparrado y chichile) y después elige un platillo con tu favorito.

Santa María del Tule.

Por la tarde, no dejes de ir al Centro Cultural San Pablo, ubicado en el que fue el primer convento dominico, construido en 1529; visitarlo y disfrutar sus exposiciones es una manifestación de la magia y cultura que Oaxaca ofrece (este mes encuentras una excelente exposición de la obra fotográfica de Juan Rulfo sobre la zona mixe: El círculo se cierra, lo mismo que una serie de actividades en torno a la festividad de Todos Santos ). Camina los interiores, visita la hermosa capilla, pasea por sus jardines y huertos, admira su gran biblioteca y contempla la hermosa vista de la ciudad que este Centro Cultural, sede también de la fundación Harp Helú, nos regala.

Después, para mitigar el calor, dirígete a los alrededores del Templo de la Soledad y busca alguna de las neverías de sus alrededores donde podrás disfrutar un sorbete de tuna o una nieve de pétalos de rosa o leche quemada.

Cierra tu día con mezcal artesanal y pasa una velada oaxaqueña en Origen, el restaurante del chef Rodolfo Castellanos, quien recientemente ganó la edición de Top Chef México.

Día Dos: sabores y colores

Comienza el día desayunando en el Mercado Benito Juárez: mole, tlayudas, molotes, queso de hebra, chocolate y, si eres de paladar atrevido, hasta chapulines forman parte de las delicias que podrás degustar. Después, visita el mercado de artesanías, que guarda las creaciones más representativas de las ocho regiones de este estado: barro negro, joyería, madera laqueada, alebrijes, un sinfín de textiles bordados y dulces típicos, cuya sola vista es ya un deleite.

Nuestra recomendación para comer es Casa Oaxaca, del chef Alejandro Ruiz, quien da a su cocina un toque muy local al preparar sus platillos con ingredientes cultivados en sus huertos o en los de cooperativas aledañas. Dale rienda suelta a tus antojos, cualquier opción que elijas te sabrá totalmente a Oaxaca.

Día de Muertos

Si tienes la fortuna de visitar esta ciudad durante el Día de Muertos, pasea durante la noche por sus calles y acompaña a las comparsas que desfilan con música y baile para convivir con sus difuntos que, según la tradición, regresan a la tierra que los vio nacer a saludar a sus seres queridos. Altares, flores, olor a copal y una visita al Panteón Central, en donde más de 1400 veladoras se encienden, son algunas de las estampas que te recomendamos vivir.

“La vida es confiar, cerrar los ojos y abrir los brazos”, decía Doña Elvira, mi abuelita postiza oaxaqueña. Así, con esa alegre y sabia sencillez con la que ella veía la vida, puedo decir que quizá el más grande regalo que Oaxaca ofrece es su gente: alegre, franca y siempre sonriente. Así es que no lo dudes ni un segundo y lánzate a conocer esta bellísima y premiada ciudad.

Jazmín Fajardo es viajera incansable. Cómplice del universo y la vida.