Luis Ángel González/ Foto: Berenice Hernández

Para Berenice Hernández, lo que empezó como una actividad para desconectarse del mundo del marketing digital, en el que se había desempeñado por muchos años, se convirtió en el descubrimiento de su vocación artística: ceramista.

“Decidí tomar clases de cerámica por las tardes, y desde el primer momento en que toqué el material sentí una conexión y dije ‘esto es lo que quiero hacer’, aunque es difìcil cambiar toda tu formación y experiencia para dedicarte al arte… Entonces así me la llevé un año, hasta que sentí la necesidad de desconectarme de ese mundo virtual que es el marketing digital, que te absorbe por completo, en el que no puedes desconectarte ni un momento pues la gente sigue consumiendo a toda hora… Sentía que estaba viviendo en mundo virtual y no en el físico” .

Y es que ese contacto con la materia es una necesidad para la también ingeniero industrial, (formación original de Berenice) aunque más bien pareciera ser una cuestión primigenia del ser humano:  “En el momento en que tocas la arcilla, como que tu niño interior sale y te clavas, como cuando hacías pasteles de lodo o jugabas con la arena… Yo creo que lo tenemos dentro desde nuestros antepasados pero no lo exploramos”, describe Bere respecto a trabajar la cerámica.

 

Taza de su primera colecció, Pez.

Dentro de las primeras creaciones de Bere, destaca el minimalismo sueco, país que ha influido en su formación como ceramista, puesto que fue en dicho país donde empezó a estudiar esta disciplina, y en cuya Escuela Nacional de Arte fue recientemente aceptada, aparte de ser ferviente admiradora de dicha corriente de diseño escandinava.

Pero también hay motivos de la cultura china y está tu sello mexicano, explícanos este diálogo entre Suecia-China-México, le pedimos a Berenice:

Tengo mi raíz mexicana y eso siempre va a estar ahí, pero trato de combinarla con ideas del minimalismo sueco; si bien me gusta mucho la estética mexicana tradicional: mucho color, motivos florales, eso trato de  simplificarlo lo más que pueda, buscar un punto intermedio entre mi identidad como mexicana y la identidad adquirida por estar tanto en contacto con el diseño sueco. Mientras que luego de mi residencia en China, decidí interpretar el simbolismo de la cultura china en una colección, que tiene un significado un tanto romántico si lo asocias con lo que significa la cerámica, como por ejemplo la figura del pescado, que aparece mucho en la cerámica china y tiene un significado de abundancia, pero que si aparece con la flor de loto representa el anhelo de que año tras año tengas abundancia… Entonces llamó mi atención esas dos cosas justo porque la carrera de ceramista no es fácil.

Además, también es difícil sobrevivir en un mercado dominado por piezas industrializadas…

Hay veces que no le damos el valor que merece, regateamos a los artesanos, le damos solo un valor utilitario a las piezas sin interactuar tanto con la parte artística que representan. Por ejemplo en Suecia la cerámica se industrializó pronto, hay pocos artesanos, sin embargo la gente que consume cerámica artesanal lo hace con propósitos de decoración, por tener una pieza hecha a mano que no va a ser igual a ninguna otra, distinta a una pieza industrial, por retomar esta idea de ‘un ser humano hizo esta pieza con sus manos, le dedicó tiempo, la diseñó, la concibió’… Eso creo que también está pasando cada vez más en México, y qué bueno.

Conoce más de la obra de Berenice en Instagram: bere_jh  y en su blog: Tarde o temprano

 

 

En el momento en que tocas la arcilla, como que tu niño interior sale y te ‘clavas’, como cuando hacías pasteles de lodo o jugabas con la arena… Lo tenemos dentro desde nuestros antepasados pero no lo exploramos.