Eduardo Rabell Urbiola /Fotos: Gonzalo Ibáñez

Hay lugares  que vemos sin mirar con atención; otros que jamás observamos. Si les diésemos ‘conciencia’, ellos mismos no imaginan su ubicación ni su importancia y menos su trascendencia. En este orden de ideas podemos mencionar el Palacio de Gobierno del Estado de Querétaro. Su ubicación es el Centro Histórico de la ciudad Santiago de Querétaro. Su importancia radica en que el edificio fue construido, desde sus cimientos, para sede de gobierno, virreinal, sí, pero gobierno al fin… y también la cárcel, porque desde que tiene memoria la humanidad, ha habido infractores a la ley. Por lo que toca a su trascendencia, hay dos hechos, uno anecdótico y otro de gran relevancia nacional.

Era el año 1778 cuando, por razones que no son del caso analizar, el Corregidor de Querétaro invitó a una fiesta. La señora Pedraza de Gómez no admitió ni la posibilidad de permanecer en casa, habida cuenta de lo avanzado de la gravidez en que se encontraba. Acudió al sarao y durante un brindis comenzó a sentir los dolores del parto. Prontamente le ayudaron a bajar, mas llegados al rellano le fue imposible continuar y ahí mismo, con la asistencia del Dr. Téllez y rodeada de señoras que la ocultaron para no apenarla, nació un niño que más tarde sería Presidente de la República: D. Manuel Gómez Pedraza.

 

Va el segundo acontecimiento, pero antes, un poquito de historia del lugar para contextualizarlo:

Este edificio virreinal fue terminado en 1770 por don Martín de la Rocha Sanz y Espeleta. Su distribución ha cambiado; había dos zaguanes.

Por el oriente se accesaba a la planta baja que contenía la Sala de Audiencia donde se impartía justicia; cárcel, enfermería y cinco tiendas, de las que solamente en la uno había trastienda; en las otras, era el entresuelo. En la planta alta había dos salas: del Estrado y Cabildos, además de las habitaciones para el Corregidor y su familia.

Por la puerta poniente, la cárcel y la vivienda del Alcaide, es decir, el administrador de ella. Debía llevar el registro de las entradas y salidas de los reos, siempre al frente, de ahí la ubicación de su vivienda.

Si Dolores es la Cuna de la Independencia nacional, Querétaro es la cama en donde la Patria se ‘preñó’ de ansias de libertad.

Es aquí cuando surge el suceso más conocido en torno al edificio, puesto que en él el Corregidor don Miguel Domínguez y su esposa, doña Josefa Ortiz, albergaron reuniones de los conspiradores independentistas. Descubierta la conspiración, el 14 de septiembre de 1810 (que no el 13, yerro que persiste desde que se mandó a hacer la placa que conmemora el suceso y que cronistas como Valentín Frías advirtieron desde 1883) el Corregidor, antes de ir a aprehender a varios conjurados, encerró a su esposa para no ser capturada. Ella golpeó la pared para alarmar a Ignacio Pérez, el alcaide (jamás taconeó, como comúnmente se afirma, porque abajo no había quien la oyese). Éste bajó a la calle y doña Josefa le indicó acudir al zaguán. Ahí, a través del ojo de la cerradura le ordenó alertar a los principales involucrados.

De aquí en adelante todo es historia, aun cuando la participación de Ignacio Pérez está envuelta en el misterio, pues no se sabe más de él y siendo Alcaide de cárcel, ¿cómo es que abandonó el cargo y nunca fue considerado y menos juzgado por infidencia? Tampoco se le mencionó en las filas insurgentes.