Redacción/ Fotos: Wayne Hudson

En el imaginario asociado a Comala, típicamente se imponen los parajes desolados y fantasmales magistralmente narrados por Juan Rulfo en su novela Pedro Páramo, no obstante, este pueblo asentado a las faldas del imponente Volcán de Fuego de Colima dista diametralmente de esa ficción, con construcciones pintorescas, coloniales y paisajes exuberantes. Muestra de los primeros es Hacienda de San Antonio, una construcción de fines del siglo XIX y que hoy es uno de los hoteles de lujo más hermosos de México. Y punto de partida para descubrir Comala.

Pero el carácter mexicano de este espacio es lo que destaca, aunado a la exclusividad brindada al huésped. Dicho carácter se vive literalmente en cada una de sus 22 suites, decoradas con obras de artistas y artesanos nacionales enmarcadas en el diseño colonial de cada espacio. Grand Suite el Sol, el Volcán y el Quetzal, ubicadas en el último piso de la hacienda, constituyen las mejores vistas del lugar y el mejor ejemplo del diseño, donde destacan bóvedas catalanas, balcones, azulejos y tapetes mexicanos.

Un espacio como éste no podía desaprovechar la vasta naturaleza y extensión  del lugar, por ello los paseos a caballo o a pie por la propiedad o en el Rancho El Jabalí —que dota de productos orgánicos al restaurante de la hacienda— y jugar golf resultan obligados; o bien para los menos aventureros, disfrutar de un descanso en la terraza o simplemente nadar en la piscina son actividades que resultan extraordinarias en un marco como éste, punto de partida para redescubrir la mítica Comala.