Karla Juárez/ Fotos: Gonzalo Ibáñez

El reconocido pintor Víctor Cauduro Rojas nos dio la bienvenida en uno de sus lugares más preciados: su taller donde sucede toda la magia; entre brochas, láminas de piedras, colores y bocetos platicamos con él sobre cómo su pasión se convirtió en su profesión.

Desde niño recuerda tener un gran interés por el dibujo, cada semana anhelaba que llegara la clase de artes plásticas para dejar volar su imaginación. “De los primeros encuentros con la pintura fue en la primaria, se me pasaba muy rápido esa hora de pintura en la escuela, así que cuando estaba en casa tomaba los libros de arte clásico de mi papá y copiaba”, recuerda el artista.

A su corta edad identificaba a los clásicos como Vincent van Gogh, Rembrandt, Paul Cézzane y Bartolomé Murillo, de quienes replicaba las obras en sus cuadernos; a partir de ese momento Cauduro comienza un estudio autodidacta para lo que años más tarde sería su profesión.

Inspiración viajera

Con el paso de los años decide encaminarse a la fotografía, una derivación de las artes, y buscando aventura y paisajes que retratar emprende un viaje a Europa “de mochilero”: “A los 19 años encontré en mi viaje muchos museos de arte y en uno de ellos quedé impresionado cuando vi en vivo obras de Rembrandt, justo ahí dije ‘esto es lo que quiero hacer de mi vida’”.

En París compra sus primeros lápices, crayolas, hojas, papel y otros materiales necesarios para experimentar. “Cuando regreso a México consigo un trabajo haciendo caricaturas e ilustraciones para revistas, periódicos y libros; en cuanto a la pintura solo lo hacía para mí, creaba obras y las usaba para decorar mi departamento”, nos narra el pintor nacido en la Ciudad de México.

 

 

Hablando de lienzos me gusta más lo que es pintado en piedra, esa serie de obras son mis favoritas

Cuando su hija Adriana nace decide regresar a vivir a México, durante una temporada reside en Los Cabos, Baja California Sur, etapa en que su pintura está protagonizada por tonos azules, la esencia del mar, y otros referentes del desierto.

En 1998, con un pequeño más en su familia, Víctor Hugo, emprende la búsqueda de un estado con más tranquilidad; posterior a su recorrido encuentra nuestra bella ciudad de Querétaro en la cual la limpieza, seguridad, infraestructura, cultura e historia lo enamoraron, lo cual ha quedado plasmado en varias de sus obras.

“He trabajado mucho para Querétaro, en el Museo Regional está un mural de la sociedad queretana del siglo XVII de cuando se reunían en lo que hoy es el jardín Zenea, también están los murales de Palacio de Gobierno el cual está enfocado en la historia de Querétaro”, nos platica Víctor sentado frente a una de sus piezas más recientes, y en la que sigue trabajando, que retrata la Peña de Bernal.

La voz del lienzo

Hace unos años se ha dedicado a experimentar en lienzos diferentes, transmite en piedra su realismo mágico o simbólico, como él lo describe, debido a que siempre coloca elementos que van más allá de un realismo puro.

“La piedra tiene un encanto para las personas, los minerales nos atrapan naturalmente, trabajo en ellas porque simplemente son parte de la tierra y de nosotros. Estas sobre las que yo trabajo creo que son piezas que de alguna manera todos nos identificamos”, explica Cauduro, a quien le ha costado años de aprendizaje encontrar el tipo de piedra perfecta, por ejemplo el travertino, que es un mármol joven, es más poroso y absorbe mejor la pintura teniendo el acabado que busca, comparte el artista.

Y es que el lienzo es sumamente importante para la obra de Cauduro, tanto que tiene bocetos guardados de hace tiempo que aún no encuentra el momento o el lienzo adecuado. “Un claro ejemplo es la cabeza Olmeca, la pensé hace como diez años pero hasta diez años después la pinté, incluso el papel del boceto ya está amarillo”, comenta entre risas.

Actualmente la mayoría de sus creaciones son plasmadas sobre estos lienzos que ya vienen pre-fondeados con formas naturales y vetas increíbles, aunque hablando de relieves y vetas increíbles también están sus pinturas en tarjetas madre y circuitería electrónica, lienzos que nos narran las historias de la modernidad en su propio lenguaje.

Al preguntarle sobre sus obras favoritas no puede elegir alguna debido a que ha creado un sinfín de piezas con distintas historias, “No tengo una en particular, si puedo decir que tengo algunas que por su tipo de elaboración me gustan más, como el de la Revolución Mexicana; hablando de lienzos me gusta más lo que es pintado en piedra, esa serie de obras son mis favoritas por así decirlo”, expresa.

La perfección como método

Por ahora Cauduro trabaja en piezas privadas que poco a poco le han pedido, haciendo del empeño diario su mejor aliado: “No espero a la musa inspiradora, en realidad desarrollo un tema ya sea que alguien me lo haya pedido o que nazca de mí, y la inspiración viene de acuerdo. Es el trabajo diario a través del dibujo”, comparte el pintor quien pone esa pasión en cada pincelada en busca de la perfección: “Todo lo que hago, incluso antes de que yo me dedicara a la pintura, me gusta que salga perfecto, en mi profesión me ha funcionado muy bien porque sigo trabajando y detallando hasta que quede como me gusta”.

Finalizando la visita con un pequeño recorrido a su taller el artista expresa la gran pasión que tiene por lo que hace y el empeño que ha dedicado para salir adelante con lo que se propone. “La libertad es la esencia de poder hacer lo que me encanta hacer, ver el resultado, tener un lienzo en blanco y después ver el resultado es para mí una gran satisfacción”.

 

“Vivir el aquí y el ahora es mi lema de vida. La felicidad viene por momentos, así que hay que tratar de tener los mayores momentos de felicidad posibles. Ésa es la esencia de todo”